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    reproducimos Técnicas de estudio

 fuente. UNED.

1. La alimentación en época de exámenes

 

Lo primero que debes hacer es prescindir, durante el tiempo que estés estudiando, del abuso de la denominada "comida basura".

 

Sus grasas saturadas y los componentes químicos de las salsas son bastante perjudiciales ya que provocan una pesadez corporal que impide desarrollar las capacidades intelectuales de una manera adecuada.

 

De hecho, si lo piensas bien te darás cuenta de que las veces que has tomado ese tipo de comida, te has sentido pesado y con bastante sensación somnolienta.

 

Cuando comas

 

Procura no estar haciendo otras actividades como repasar o ver la tele, porque comerás deprisa y no te dará tiempo a ir digiriendo los alimentos. Y luego sentirás un ardor de estómago que te impedirá concentrarte en los apuntes.

 

Los productos lácteos (leche, queso, yogurt) son realmente importantes, no sólo por el calcio que aportan, sino que tienen una óptima cantidad de nutrientes y vitaminas que te ayudarán en el rendimiento.

 

Debes tomar productos lácteos y derivados al menos cuatro veces al día.

 

En el desayuno: leche con cereales, a media mañana un trocito de queso, a mitad de la tarde un yogurt y por la noche un vaso de leche con cacao.

 

2. Alimentación

 

Frutas.

 

Aunque odies la fruta, seguro que hay alguna que te gusta al menos un poquito, y estas frutas son vitales para la memoria, sobre todo los cítricos.

 

Toma al menos tres piezas de fruta a diario y verás qué resultados tan buenos.

 

Las sales minerales necesarias para la reactivación constante de la memoria te la aportan mayormente las verduras. Así que aunque te suponga un esfuerzo, al menos dos veces por semana debes ingerir este tipo de alimentos.

 

En las carnes, mucho mejor si las eliges blancas (ya sabes pollo, pavo....), dos veces por semana. Y come mucho pescado, porque favorece la memoria.

 

También leguminosas y huevos. Dos veces a la semana como mínimo.

 

De los cereales se recomienda tomarlos en cinco dosis diarias en forma de cereales industriales, pan, fideos, arroz....

 

Azúcar, sal, aceites vegetales y grasas , deben consumirse con cuidado porque si te excedes tu cuerpo lo notará y te pasará factura.

 

3. Pon orden en tu vida: ambiente de estudio

 

Aunque lo que verdaderamente importa es la intención y las ganas de estudiar, hay que rentabilizar todo lo posible el poco tiempo que se pase delante de un libro.

 

Para ello, hay que olvidarse del autobús, del metro, de la cafetería y del parque.

 

El lugar ideal es la biblioteca o la habitación personal, aunque con ciertos matices:

 

1º) Las bibliotecas son, en efecto, un sitio privilegiado que invita al estudio, aunque... ¡ojo! Tienes que evitar los desayunos de dos horas (¡¡has madrugado para estudiar, no para comer donuts!!), las miraditas cómplices con el estudiante de al lado y los móviles.

 

Consejo: intenta buscar una biblioteca con mesas que tengan separadores e ir acompañado de un grupo muy numeroso de compañeros. Aprovecha la riqueza del fondo documental de las estanterías para complementar tus apuntes.

 

2º) En la habitación debe reinar el orden, así que empieza desde ya a arreglar ese desastre que llamas cuarto para que esté impecable de cara a los exámenes de febrero.

 

En la mesa debes tener a mano todos los instrumentos necesarios para no levantarte continuamente: bolígrafos, fluorescentes, lápices, gomas, folios, manuales, etc.

 

Hay que procurar no amontonar apuntes ni libros para no perder tiempo en colocarlos o reducir el espacio.

 

Consejo: quita todos los elementos innecesarios que te lleven a la distracción, como la foto de tu chico del verano, el teléfono, tus CD´s favoritos, etc. ¡No tientes a la suerte!

 

3º) El silencio es un don preciado, así que huye de los ruidos de todo tipo.

 

Las cadenas de música y los transistores sólo están permitidos para aquel restringido número de universitarios que no saben abrir un libro sin su presencia, aunque hay que intentar prescindir de ellos.

 

El teléfono es otro de esos aparatos que casualmente suenan en cuanto uno se acaba de sentar, por lo que lo más oportuno es desenchufarlo durante el tiempo de estudio.

 

Consejo: como es muy difícil mantener la fuerza de voluntad cuando todos tus amigos se han puesto de acuerdo para llamarte, dile a tus padres o compañeros de piso que digan que no estás.

 

4º) La ventilación y la iluminación son otros dos aspectos a tener en cuenta. Lo más adecuado es la luz natural, pero si es insuficiente, hay que recordar que la artificial debe situarse por la izquierda para los diestros y a la derecha para los zurdos.

 

Consejo: si fumas, aprovecha en tus descansos para airear la habitación. Además de mirar por tus pulmones, se te hará más fácil estudiar.

 

5º) La postura es fundamental. Debes huir de actitudes demasiado cómodas en sofás, camas y butacas, ya que producen fácilmente somnolencia. Lo más aconsejable es una buena silla donde se mantenga la postura erguida.

 

Consejo: ponte recto/a y con las piernas dobladas en ángulo recto y bien apoyadas en el suelo: estarás más descansado y tu espalda te lo agradecerá.

 

4. Técnicas de estudio: subrayar

 

Estudiar sin método, especialmente en la facultad es difícil.

 

El importante volumen de información que habitualmente se maneja por materia y los perentorios tiempos de que dispone el alumno para aprender dicho material, configuran una fuerte restricción que se debe superar.

 

Para obtener resultados razonables, sin perder la motivación y la salud debido a un sobre esfuerzo, la salida inteligente es estudiar con método. Aquí te proponemos algunas técnicas.

 

Subrayar

 

El subrayado es fundamental en una rutina de estudio, puesto que no sólo nos ayuda a memorizar el temario, sino que es tremendamente útil en el repaso.

 

Un sólo vistazo al texto nos indicará las cosas importantes.

 

Además, el subrayado es el soporte fundamental de los resúmenes, que se hacen partiendo de esas ideas esenciales que hemos destacado. Gracias al subrayado correcto podemos:

 

Saber qué cosas son importantes y qué cosas son complementarias

 

Realizar buenos resúmenes y cuadros que nos ayuden a fijar los contenidos

 

Conseguir un repaso de calidad y sin dificultades

 

La acción de subrayar responde a la necesidad de destacar las cosas importantes de una materia, por tanto está totalmente desaconsejado que subrayes si aún no sabes las nociones básicas que te vamos a explicar, porque lo único que conseguirás es "emborronar" tus apuntes y que luego no sólo no te ayuden sino que te dificulten el estudio.

 

Si quieres dominar la técnica del subrayado debes aprender unas particularidades:

 

¿Qué debes subrayar?

 

Los Títulos: se subrayan siempre puesto que son los que dan la idea global del tema que trata esa parte del libro o apuntes

Los Subtítulos: también se subrayan siempre porque aportan datos complementarios útiles para recordar el tema que ahí se está tratando

El texto en sí: esto es lo más difícil, porque para obtener un buen subrayado deberás realizar tres lecturas diferentes del texto:

 

Primera: rápida para quedarse con la idea global

Segunda: más lenta en la que subrayes sólo las ideas generales y títulos/subtítulos

Tercera: en la que subrayarás frases con sentido por sí mismas.

 

Deben tener un hilo que les dé lógica, sino a la hora de hacer los resúmenes y el repaso tendrás que leer todo para saber el contexto.

 

Se trata de sintetizar los textos en frases que entiendas.

 

Es fundamental que no empieces a subrayar hasta que entiendas el texto perfectamente, de esta forma sabrás exactamente cuáles son los puntos en los que debes incidir.

 

Tipos de subrayado

 

El tipo de subrayado predominante es el de las rayas, en diferentes colores (normalmente se emplea el color rojo para destacar las ideas principales y fundamentales y el azul para las complementarias)

 

Pero si deseas otro tipo de "marcas" para tus textos, debes saber que también existe la posibilidad, utilizada por mucha gente, de emplear las flechas, los círculos, el subrayado con colores fluorescentes que destacan toda la palabra.

 

Y como complemento a ambas formas de subrayar, tienes la opción de anotar cosas en los márgenes, que te ayuden a complementar es información que has querido destacar

 

5. Resumir

 

El subrayado es una de las principales tareas que debes considerar antes y mientras te pones a estudiar, porque es la forma de quedarte con lo importante y rechazar cosas que no son sino secundarias.

 

Resumir es una tarea útil si lo haces bien, es decir, si después de haber subrayado y leído el temario, te pones a resumir y te das cuenta de que te acuerdas de casi todo.

 

No resumas copiando íntegramente, sino que captes sólo lo imprescindible.

 

Para texto ya tienes el original, se trata de que hagas uno que te sirva a ti para estudiar y aprender mejor.

 

Un buen resumen depende mucho de como hayas comprendido el texto, lo cual depende en gran manera de las veces que hayas leído sus párrafos.

 

Los expertos recomiendan una triple lectura :

 

Una: rápida

Dos: lentamente y subrayando

Tres: mucho más lenta para memorizar las cosas y terminar de comprender

 

El resumen te va a servir de ayuda cuando tengas que hacer el repaso, sobre todo si tienes muchos temas.

 

Es la manera más precisa de sintetizar las ideas y de verlas enseguida sin tener que volver a leer todo el texto.

 

Además, a fuerza de escribir, te irás quedando con la materia en la memoria sin casi ni haberte dado cuenta ni haber supuesto ningún esfuerzo para ti.

 

  

Hábitos de estudio

 

Dedicar el tiempo necesario a estudiar, concentrarse en la tarea y poner esfuerzo en comprender la materia, claves para superar con éxito las pruebas. Invisibles durante buena parte del curso académico, los exámenes se convierten en auténtica obsesión para los estudiantes durante los meses que van de febrero a junio.

 

En nuestro país, casi dos millones de alumnos de Educación Secundaria Obligatoria (ESO), 618.000 estudiantes de bachillerato y 1.300.000 universitarios pondrán a prueba los conocimientos que han adquirido en lo que va de curso. Nervios, ansiedad, incluso pánico y estrés son invitados indeseados estos días en las habitaciones juveniles de muchos hogares.

 

El temor a suspender, a no contar con el tiempo necesario para preparar todo el temario o a "quedarse en blanco" en el momento crucial asalta y preocupa a numerosos estudiantes, y también, a sus progenitores. Una angustia que no es del todo negativa ya que, dicen los psicólogos, este hormigueo de nervios que ataca a los alumnos cuando preparan evaluaciones o exámenes potencia las facultades intelectuales y les ayuda a mejorar el rendimiento.

 

Aprendizaje y comprensión

 

Las nuevas tecnologías ayudan y facilitan algunas tareas, pero no hay fórmulas que permitan superar los exámenes sin estudiar. El problema surge cuando esa leve tensión da paso a la ansiedad, y ésta termina por derrotar al estudiante.

 

Se trata de evitarlo. Y se puede conseguir siguiendo los consejos de algunos educadores y psicólogos que recomiendan poner en práctica hábitos que ayudan a mejorar el estudio no sólo el día anterior al examen, sino durante los meses precedentes porque, según indican "es una cuestión de actitud".

 

Eso sí, actitud pero con método e hincando los codos, porque aunque las nuevas tecnologías ayudan y facilitan algunas tareas, como el acceso a la información, no hay fórmulas que permitan superar los exámenes sin estudiar, ni siquiera estudiando sólo un poco. Estudiar mucho y bien es el mejor método para que la falta de confianza se transforme en seguridad, que es el antídoto más eficaz para enfrentarse sin miedo a cualquier examen.

 

Primer paso: preparar la materia

 

Tiempo y planificación. Lo primero en lo que debe pensar todo estudiante cuando comienza el curso, o en los meses previos a la celebración del examen, es en organizar la materia y fijar plazos viables para enfrentarse a ella contando con un planning diario de estudio. Caer en el error de dejar todo el temario para estudiarlo los días anteriores o incluso para la víspera, acaba pasando factura.

 

Por eso, el tiempo es el mejor compañero de estudios, ya que permite poner en práctica las técnicas de aprendizaje más adecuadas. Con ellas, los alumnos no sólo logran retener la materia aprendida más allá del día del examen, sino que son capaces de desarrollarla con sus propias palabras y de encontrar una lógica a lo que están estudiando. Es lo que se denomina aprender con método.  La primera regla de oro a interiorizar es comprender todo lo que se estudia

 

Comprensión

 

Más allá de la edad del estudiante o de la magnitud del examen, la primera regla de oro a interiorizar es comprender todo lo que se estudia. Además de que en general es poco útil, de poco sirve aprenderse todo de memoria sin entender apenas nada, porque el pánico se puede apoderar del estudiante en el momento en el que se olvide una palabra o una frase que le haga perder sentido a un contenido aprendido de memoria.

 

   

La información se desordenará y el alumno se mostrará incapaz de contestar a la pregunta del examen o cometerá errores de bulto que delatarán su desconocimiento de la materia. Ésta es una de las razones esenciales por la que los estudiantes deben adquirir fórmulas de aprendizaje desde edades muy tempranas.

 

Aquí se exponen algunas de las fórmulas que hay que seguir para aprender comprendiendo:

 

Para hacernos una idea general de los contenidos, lo mejor es realizar una lectura rápida y atenta del tema o texto que hay que estudiar.  A continuación, una segunda lectura, más analítica y en la que se subrayarán las ideas y datos fundamentales.

 

Es el momento hacer un esquema que sirva de base para hacer un resumen del tema, y que será el que se estudiará en profundidad desarrollándolo de forma oral o por escrito. Así, se interioriza la información lógica y visual de la materia.

 

El esquema se asemeja a una fotografía de la estructura del tema con sus ideas principales y secundarias, mientras que el resumen es la herramienta que permite relacionar esas ideas. Además, al elaborarlo y estudiarlo se va uno acostumbrando a redactar los contenidos sin olvidar ningún dato importante. Si esta tarea se hace a lo largo de la evaluación o del cuatrimestre, resultará más fácil y rápido asimilar y memorizar los contenidos.

 

No todo es estudiar

 

Además de estudiar a tope para preparar el examen, se debe prestar atención a un par de cosas que pueden contribuir decisivamente a lograr una buena calificación en el examen:

Asistir a clase y prestar atención a las explicaciones del profesor es más útil que preguntar después a los compañeros que han atendido.

 

Con ello, el estudiante no sólo será capaz de crear unos apuntes de calidad sino que también podrá detectar los puntos en los que el docente enfatiza más, y que son los que más posibilidades tienen de aparecer en el examen.

 

Interesarse por las costumbres del profesor cuando programa un examen: su forma de calificación, lo que más valora y lo que más penaliza, si tiende a repetir preguntas de exámenes anteriores, si se decanta por un ejercicio en forma de test o por el tradicional, etc. Se puede preguntar a antiguos alumnos o, en su caso, al propio profesor.

 

La dieta ayuda

 

Una alimentación bien planteada y planificada ayuda a que el rendimiento académico del estudiante mejore. Una alimentación bien planteada y planificada ayuda a que el rendimiento académico del estudiante mejore. En época de exámenes se produce un gran desgaste físico y psíquico que puede reducir la concentración del estudiante.

 

La masa cerebral representa entre un 2% y un 3% del peso corporal pero consume hasta un 20% de la energía que proporciona la ingesta de alimentos. Pero no por ello los estudiantes deben aumentar el número de calorías en su menú, sino cuidar que incluya los nutrientes necesarios.

 

Las vitaminas del grupo B -que contienen sobre todo fruta, verduras y legumbres-, la vitamina E -que se halla en cereales y frutos secos-, y sales minerales como el potasio, magnesio y zinc, además de los oligoelementos -litio, silicio, selenio y cromo- deben incluirse en la dieta. Su toma está vinculada con la capacidad de concentración, la memoria, el rendimiento intelectual, e incluso, en algunos casos, el estado de ánimo.

 

Si se desea tomar vitaminas adicionales conviene que estén recomendadas por un especialista y se debe recordar que sólo se obtendrán resultados después de periodos de tratamiento de al menos varias semanas, y no a corto plazo.

 

 Para que la dieta del estudiante contribuya a que los resultados del examen sean mejores, hay que empezar el día con un desayuno completo, no con un café o un vaso de leche sin acompañamiento. Un desayuno apropiado para una jornada de estudio es el compuesto por una taza de leche acompañada de galletas o tostadas, un poco de embutido y un zumo natural.

 

Si no se toma un desayuno completo pueden sobrevenir déficits de glucosa que perjudicarán el rendimiento académico del estudiante. Los nutricionistas aconsejan distribuir la dieta, en época de exámenes, en cinco tomas: desayuno, almuerzo, comida, merienda y cena.

 

En las comidas principales no faltarán legumbres, pescado, carne, huevos y vegetales verdes. A modo de tentempié conviene tomar derivados lácteos, fruta, cereales y frutos secos.

Se debe evitar el consumo excesivo de café o bebidas con cafeína, causan nerviosismo y dificultan el descanso

 

Pese a que es una costumbre muy arraigada, se debe evitar el consumo excesivo de café o bebidas con cafeína. Aunque ayudan a mantener despierto al estudiante, causan nerviosismo, dificultan el descanso y, además, no aumentan de modo relevante los niveles de concentración y la retención de datos. Pero no todo van a ser restricciones; algunos estudios han demostrado que pequeñas porciones diarias de chocolate constituyen un buen aporte energético y ayudan a reducir el nivel de estrés

 

Estudiar: por el día y con descansos

 

Una vez que el trabajo de preparación ha terminado, es hora de ponerse manos a la obra. Para cumplir con el planning diario de aprendizaje el estudiante debe marcarse un ritmo de estudio suficiente y constante. Estudiar intensamente durante cinco o seis horas un día y no volver a tocar los libros hasta dentro de una semana no es buena estrategia. Un buen ritmo de trabajo se logra estudiando y, si es posible, a lo largo del día.

 

Los expertos así lo aconsejan, ya que el estudiante está más despejado. No es conveniente estudiar por la noche. Por un lado, se rinde menos porque nuestro organismo está acostumbrado a descansar a esas horas. Por otro, al día siguiente el estudiante está agotado y necesitará dormir al menos durante parte del día, por lo que el hábito de estudio se frena y no resulta eficaz.

 

Conviene estudiar siempre a la misma hora; hay que evitar el desorden causado por el cambio continuo de horas de estudio. Cuando se organizan las sesiones de estudio, hay que tener en cuenta los descansos, siempre necesarios.

 

Hay especialistas que recomiendan descansar cinco minutos por cada hora de estudio, mientras que otros proponen que estos miniperiodos de descanso se vayan acumulando a lo largo de la mañana o de la tarde y se disfrute de ellos en un pequeño paréntesis a mitad de sesión. Si la rutina de estudio empieza a las 8:30 de la mañana y termina a las 14:00 horas el recreo sería, en este caso, a las 11:30 de la mañana y duraría 30 minutos.

 

Es, de todos modos, el propio estudiante quien debe establecer su propio método de estudio. Ahora bien, conviene estudiar siempre a la misma hora; se trata de evitar ese desorden causado por el cambio continuo de horas de estudio. Como de manera inconsciente se tenderá a retrasar la hora de ponerse delante de los libros, se terminará más tarde o no dará tiempo a asimilar toda la materia.

 

No se trata de permanecer horas y horas en la habitación de estudio o biblioteca, sino de ser eficiente y aprovecharlas al máximo. No sólo son recomendables las pequeñas pausas para despejar la cabeza y tomar nuevas fuerzas para las sesiones siguientes, sino que conviene reservar para después del tiempo de estudio un poco de fuerza anímica e incluso física, en su caso, para destinarla a una actividad agradable que ayude a "cargar las pilas". Salir a dar un paseo, practicar deporte, o mantener una distendida conversación los amigos son opciones válidas.

 

 

Consejos para preparar los exámenes

 

No dejes todo para el último día. Elabora un planning diario de aprendizaje con plazos reales de tiempo en los que estudiar la materia. Te ayudará a organizarte y adquirir un buen método de estudio.

 

Antes de lanzarte a retener la información sin más, es aconsejable realizar un trabajo preparatorio. Haz una primera lectura general, y una segunda subrayando las ideas principales para elaborar un esquema. Una vez que dispongas de esta fotografía visual del tema, plásmalo en un resumen. Así, el grado de comprensión será mayor.

 

Intenta estudiar por el día, la noche es para el descanso. Está demostrado que se obtienen mejores resultados, pues a esas horas la mente está más despejada y más receptiva a los nuevos conocimientos. No es cuestión de pasar numerosas horas frente a los apuntes, sino de aprovechar y rendir al máximo el tiempo que dure el estudio. Por eso no hay que descuidar el descanso. Lo más razonable es interrumpir el estudio cinco minutos por cada hora estudiada.

 

Cuida la alimentación, de ella depende el estado de concentración. No te dejes engañar por suplementos de vitaminas milagrosos. Y recuerda que todas las vitaminas y nutrientes necesarios para que el organismo funcione están incluidos en una dieta completa. De nada sirve pasar la noche antes de la prueba en vela repasando el temario.

 

Todos los expertos coinciden en que la mejor idea es dejar de estudiar a primera hora de la noche y realizar una actividad relajante: darse un baño, ver una película... 

 

Momentos antes del examen

 

El día anterior:

 

Procura no dedicar la jornada a estudiar a destajo aquello que aún no has repasado porque sólo conseguirás aumentar tu ansiedad y bloquearte. Levántate a la misma hora de siempre y realiza tus tareas habituales. Haz ejercicio físico, como nadar, jugar un partido de baloncesto o salir a dar un paseo. Funciona muy bien para relajarse un poco.

 

La noche previa al examen duerme no menos de siete horas. Quedarte hasta altas horas estudiando es contraproducente. Si no descansa la mente, todo tu trabajo se puede perder.

 

El mismo día:

 

Intenta llegar temprano al lugar del examen y asegúrate que tienes todo lo que necesitas: lápiz, bolígrafo, tablas, calculadora... Procura no hablar de la prueba y de su contenido con tus compañeros de examen. Los nervios son contagiosos. No intentes comprobar si recuerdas todos los temas. Antes del examen la mente está en tensión y ya no se puede reforzar la memoria.

 

Evita los sentimientos negativos y sustitúyelos por otros más positivos como "ya he pasado antes por situaciones parecidas y ha salido bien" o "me he preparado lo suficiente, ya he hecho todo lo que se podía hacer hasta aquí".

 

Invierte cinco minutos en encontrar un lugar tranquilo para cerrar los ojos y practicar ejercicios de respiración: inspira el aire por la nariz manteniendo la boca cerrada y elevando el abdomen; sujeta el aire durante unos momentos; expira por la boca o nariz muy despacio; repítelo varias veces. Cuanto más despacio se produzca la respiración mayor será la sensación relajación

 

Mejorar la comprensión lectora

 

¿Se puede resolver un problema de matemáticas o física si no se es capaz de comprender su enunciado? La comprensión lectora es quizás una de las habilidades que más infiere en el correcto proceso de aprendizaje de los niños y jóvenes, ya que poseerla es vital para el desarrollo de todas las áreas y materias de conocimiento en las distintas etapas educativas.

 

Uno de los principales objetivos educativos marcado por la Unión Europea dentro de la Estrategia de Lisboa 2010 para mejorar la calidad y eficacia de los sistemas de educación se centra en reducir, al menos un 20%, el porcentaje de jóvenes europeos mayores de 15 años con dificultades de comprensión lectora.

 

 

Sin embargo, lejos de mejorar, en los últimos años el nivel de comprensión lectora ha experimentado un importante descenso: mientras que en el año 2000 un 21,3% de los estudiantes de la Unión Europea carecía de esta habilidad, en el 2006 este problema afectaba a casi un 3% más de la población de esta edad, una cifra que se eleva al 25,7% si atendemos a los resultados de los estudiantes de España.

 

Cierto es que, aunque todas las evaluaciones educativas llevadas a cabo en los últimos años, como PISA (Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes) o PIRLS (Estudio Internacional del Progreso en Comprensión Lectora), evidencian un descenso generalizado en todos los países de los niveles de comprensión lectora de sus estudiantes, los datos de los alumnos españoles se sitúan casi siempre por debajo de la media de los países desarrollados.

 

Esto no significa que los jóvenes de nuestro país tengan problemas para leer, entendida esta acción en su definición más simple, tal como recoge el Diccionario de la Real Academia Española: pasar la vista por lo escrito o impreso comprendiendo la significación de los caracteres empleados.

 

El problema radica en la capacidad de comprender lo que se lee, una habilidad que implica, además de la comprensión de la significación de las palabras que se incluyen en un texto, la comprensión de este texto como un todo global, de modo que el lector sea capaz tanto de obtener información y elaborar una interpretación de ésta, como de reflexionar sobre su contenido.

 

Estrategias para mejorar

 

El mejor consejo y el más obvio que cualquier experto en la materia puede dar para mejorar la comprensión lectora tanto de los niños como de los adultos es practicar leyendo cada vez más, eso sí, si lo que se desea es potenciar esta habilidad no basta con leer cualquier texto, si no que éste debe resultar interesante para el lector, ya que de este modo mostrará un mayor interés y se esforzará más para comprender lo que lee.

 

En el caso de los más pequeños, por ejemplo, se les puede proporcionar lectura sobre sus personajes favoritos o sobre aquella temática, no necesariamente curricular, por la que muestran más interés y posteriormente, charlar sobre el tema para comprobar que han comprendido lo leído, lo cual les estimulará y animará a continuar leyendo.

 

Por otra parte, además de que el texto de lectura con el que se practique sea de interés para el lector, también hay que cuidar que el contenido esté acorde con su nivel de conocimiento, es decir, que no incluya mucho vocabulario desconocido, ni formas gramaticales o sintácticas a las que no esté habituado, ya que puede ser desesperante y consecuentemente nada motivador abordar la lectura de un texto en el que comprender cada frase se convierta en una ardua tarea para el lector.

 

Un ejercicio recomendable con los jóvenes es repasar previamente el vocabulario del texto que se va a leer con la ayuda de un diccionario, esto le alentará en la posterior lectura al comprobar que es capaz de interpretar significados que antes desconocía.

 

Del mismo modo, también puede resultar interesante introducir de forma oral al niño o joven en un tema concreto, explicándole los conceptos básicos y la idea general, de modo que se genere en él la suficiente expectativa que le lleve a lanzarse a la lectura comprensiva de un texto sobre dicho tema.

 

Técnicas para adquirir esta habilidad

 

Además de estas estrategias generales para incitar a una lectura comprensiva, tanto en clase como en casa se pueden aplicar distintas técnicas o ejercicios que favorezcan la adquisición de esta habilidad, muchas de ellas, enumeradas a continuación, las recoge Antonio Vallés Arandiga en su obra "Técnicas de velocidad y comprensión lectora”

 

Idea principal

 

Esta técnica, dirigida principalmente a alumnos de primer ciclo de Primaria, consiste en mostrar al niño una ilustración de una acción concreta y posteriormente ofrecerle varias opciones textuales en las que se explique el dibujo, de modo que tenga que elegir aquélla que es la más explicativa de la ilustración; esto le permitirá aprender a extraer la idea principal de un texto.

 

Procedimiento cloze

 

Este ejercicio, por muy simple que parezca, obliga al lector a esforzarse en gran medida en comprender el texto que está leyendo, ya que consiste en adivinar una serie de palabras que han sido omitidas de manera sistemática en un texto escrito y reemplazadas por espacios en blanco o líneas; el lector, para lograr dar un sentido completo al texto, debe relacionar el contenido y procesarlo como un todo para adivinar el término que falta.

 

Lectura simultánea

 

Consiste en leer una frase determinada y a continuación enunciar otra en términos muy similares pero más comprensible para el alumno. Este método permite que el lector sea capaz de comprender lo leído gracias a la implicación de otro.

 

Resumir

 

El resumen puede ser una de las mejores técnicas para ejercitar la comprensión lectora, un ejercicio mediante el cual el niño debe leer pequeños fragmentos de un texto y escribir posteriormente una o dos frases que lo resuman.

 

Aplicaciones on line para mejorar la comprensión lectora

 

En Internet, tanto padres como profesores pueden acceder a diversos recursos didácticos que incluyen ejercicios creados específicamente para mejorar la comprensión lectora, de modo que los niños puedan practicar sencillamente desde un ordenador. Estos son algunos de ellos:

 

Fondo Lector

 

Materiales Hot Potatoes para la comprensión de textos

 

Prácticas de lectura intensiva

 

Actividades de comprensión lectora

 

Ejercicios de comprensión lectora para Primaria

 

 

 

como evitar la ansiedad en los examenes 

 fuente : uned

http://portal.uned.es/pls/portal/docs/PAGE/UNED_MAIN/BIBLIOTECA/APOYO%20ESTUDIANTES/ACOGIDAANSIEDAD.PDF

 

 responsable

 

responsable del área: : José Miguel Carceller   ( licenciado en ciencias económicas y empresariales por la universidad de Valencia, EspañaEspaña UE Página de portada desde 1985)  licenciado en historia por la UNED.  Ingeniero técnico en informática de gestión UNED)

contacto   963629682 , 963693642,  600215797  , 609653994 

 

 

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